En el 40° aniversario del Juicio a las Juntas Militares
Carta Pastoral de la Iglesia Anabautista Menonita de Buenos Aires
Hermanas y hermanos en Cristo, paz y justicia sean con ustedes:
Al conmemorar los 40 años del histórico Juicio a las Juntas Militares que gobernaron Argentina durante la última dictadura (1976-1983), elevamos nuestra voz en un espíritu de reflexión, memoria y compromiso cristiano. Como comunidad anabautista menonita, arraigada en la tradición de la no violencia, la justicia social y la profética fidelidad al Evangelio, reconocemos el inmenso valor de quienes, en medio de la oscuridad, denunciaron las graves violaciones a los derechos humanos cometidas por la Junta Militar.1. Memoria como acto de fidelidad a la verdad
Jesús nos enseñó que «conocerán la verdad, y la verdad los hará libres» (Juan 8:32). Recordar los crímenes de lesa humanidad —desapariciones, torturas, robo de bebés— no es solo un deber histórico, sino un imperativo ético y teológico. Honramos a las víctimas, a las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo, a los jueces, periodistas y comunidades eclesiales que, incluso bajo persecución, fueron luz en la tiniebla. La memoria es resistencia ante el olvido y fundamento para una sociedad justa.
2. La voz profética anabautista
Nuestra tradición, desde los mártires del siglo XVI hasta los testigos modernos, nos llama a ser «sal y luz» (Mateo 5:13-14) en contextos de opresión. Como anabautistas menonitas, creemos en la separación entre Iglesia y Estado, pero no en la neutralidad ante el sufrimiento. Denunciamos toda forma de negacionismo, pues borrar los crímenes del pasado es complicidad con la injusticia. Seguiremos, como Cristo, del lado de los vulnerables (Proverbios 31:8-9).
3. Justicia y compromiso cristiano hoy
Frente a los discursos que buscan minimizar el terrorismo de Estado o desmantelar las políticas de Memoria, Verdad y Justicia, reafirmamos:
– Verdad: Rechazamos toda distorsión de la historia. La reconciliación auténtica requiere reconocer el mal (Salmo 85:10).
– Justicia: Apoyamos los procesos judiciales contra los responsables, porque «Dios ama la justicia» (Salmo 33:5).
– Solidaridad: Acompañamos a las víctimas y a quienes hoy luchan contra la impunidad, siguiendo el ejemplo del buen samaritano (Lucas 10:25-37).
4. Llamado a la acción
Invitamos a:
– Educar: Enseñar a las nuevas generaciones sobre lo ocurrido, para que «NUNCA MÁS» sea una realidad.
– Defender: Resistir los intentos de negar o justificar la dictadura, especialmente desde espacios de poder.
– Actuar: Apoyar iniciativas que promuevan derechos humanos y justicia social, como expresión de nuestro discipulado cristiano.
Conclusión
Que el Dios de la vida, que escucha el clamor de los oprimidos (Éxodo 3:7), nos dé valentía para ser instrumentos de paz que no callan ante la injusticia. Como Iglesia, renovamos nuestro compromiso con la *paz activa* —no la quietud del cómplice, sino la lucha por la dignidad—, confiando en que «la luz resplandece en las tinieblas» (Juan 1:5).
Paz y Bien con Justicia Social.

