«MÁS ALLÁ DEL AGUA Y LA EDAD: La búsqueda anabautista de una iglesia de creyentes»
Los domingos 6 y 13 de junio de 2021, el Congreso Mundial Menonita realizó un Seminario Web llamado “Crean y sean bautizados”: Una Conversación Mundial Sobre el Bautismo. Cientos de hermanas y hermanos de iglesias de tradición anabautista menonita de todo el mundo nos conectamos para conocer la historia y teología acerca del bautismo de creyentes y los acercamientos con otras denominaciones cristianas sobre este tema, así como intercambiar nuestro pensar y sentir respecto a este mandamiento que el Señor Jesús nos dejó. La siguiente es la reflexión que nuestro hermano Pablo Casado compartió con la comunidad internacional.
Mi nombre es Pablo Casado, soy miembro de la Iglesia Anabautista Menonita de Buenos Aires, Argentina. Si bien nací en un hogar católico no practicante, a los 25 años me convertí a la fe protestante, ingresando en la iglesia luterana en Argentina, hasta que conocí la iglesia menonita de Buenos Aires y me integré a la comunidad. Mi testimonio fue publicado hace algunos años en la revista Correo, en ocasión en que se celebró el acuerdo entre menonitas y luteranos, cuando se levantaron las históricas condenas mutuas de las dos tradiciones.
En nuestra comunidad, cuando nos encontramos ante una encrucijada como la que nos ocupa, la relación con cristianos y cristianas que celebran el bautismo de infantes, nos volvemos hacia la Palabra de Dios, pero no buscando textos bíblicos, los cuales en forma aislada pueden servir a distintas interpretaciones, sino la Palabra de Dios hecha carne, es decir Jesús, nos preguntamos qué haría Jesús en una situación así, qué haría si supiera que un mandamiento que Él nos dio es motivo de división y distanciamiento, es una “piedra de tropiezo” entre sus seguidores. Yo no tengo, no tenemos, la menor duda que Jesús buscaría apartar aquello que produce la división. Al fin y al cabo, su breve, pero intenso ministerio fue – precisamente – de reconciliación. Hoy en día, algunas y algunos consideramos que discutir en qué momento de la vida de una persona celebrar un determinado ritual es una discusión vana. Porque si pudiéramos ponernos de acuerdo, cosa que suena difícil e imposible, luego discutiríamos si debe practicarse en aguas naturales (ríos, lagos) o en piletas o piscinas, si debe ser por inmersión o aspersión, otro motivo de división. Creo, creemos, que hay algo que podría allanar el camino y apartar todas estas “piedras de tropiezo” y que es fundamental de la tradición anabautista: la iglesia de creyentes. Es decir, comunidades integradas por hombres y mujeres verdaderamente comprometidos en la fe como discípulas y discípulos de Jesús. Allí nos encontraríamos todos y todas: católicos, menonitas, luteranos, anglicanos, ortodoxos, pentecostales. Todas y todos quienes tienen una fe sincera y activa se considerarían hermanas y hermanos, sin importar otras cuestiones: sea una iglesia con orden episcopal, o con un presbiterio, o un pastorado, o – como la Iglesia Anabautista Menonita de Buenos Aires – sin pastor ordenado, donde la tarea pastoral es ejercida por la comunidad toda, recuperando un principio de la Reforma Protestante: “el sacerdocio universal de todas las y todos los creyentes”.
Esto no significaría priorizar las obras por sobre la gracia y desechar uno de los grandes pilares de la Reforma, sino reconocer en los sentimientos y acciones del otro y la otra un obrar similar al de aquel maestro de Nazaret. Miren: hay un personaje histórico y un momento de su vida que creo que sirve de ejemplo: Martin Lutero (y sepan perdonar mis resabios de luteranismo) en la Dieta de Worms ante el emperador Carlos V. Lutero, un simple monje de provincias, se plantó ante el hombre mas poderoso de su tiempo, quien lo conminaba a retractarse de sus escritos, y Lutero no solo no lo hizo, sino que los defendió, y no los defendió usando la Biblia como argumento, no, sino su propia conciencia, dijo “no es bueno que una persona vaya en contra de su propia conciencia”, es decir de sus pensamientos y sus sentimientos. Y ese es uno de los gestos mas anabautistas que conozco. Cuando estamos ante una persona con una convicción tan segura en sus ideales, que ni los grandes poderes de este mundo le hacen temer, yo no tengo dudas que esa persona es mi hermano o hermana, haya sido bautizado en la niñez, en la juventud, en la adultez, o inclusive no haya recibido el bautismo. Seguramente, el ladrón en la cruz no había sido bautizado, pero Jesús le dijo que estaría con Él en el Paraíso.

